Serie Dos Dragones Enlazados 5/5
1.- Enlazado al Príncipe
Botas pesadas resonaron del otro lado
de la puerta, y Alim contuvo la respiración. Sintió sólo un pequeño
relámpago de pánico en su corazón, antes que la puerta se abriera y él
se congelara. El terror se volvió renuncia vacía en un minuto. Se
levantó, los brazos en alto para mostrar su rendición y aproximarse a
los soldados del Señor Dragón.
Si él obedecía, se decía a sí mismo, su abuelo y los vecinos estarían seguros.
Era así como tenía que ser.
2.- Feudo de Reproducción
El cuerpo de Alim estaba ardiendo. Él
se quemaba, por dentro y por fuera desde hacía días, y resistió a la
perversa incomodidad en silencio y en la soledad del conjunto de
habitaciones reservadas para él por sus captores.
La semana siguiente a su humillante
encuentro con Erol la única distracción a su soledad y al hambre que lo
consumía todo dentro de él, era la constante vibración de las alas de
los dragones volando por el cielo fuera de su ventana. Los pocos libros
en su cuarto no conseguían atrapar su interés, pero el sonido del batir
de alas lo llamaba.
Era exactamente lo opuesto a lo que esperaba en su primera noche solo en el palacio del Señor Dragón.
—Podría hacer esto, si alguien, quien sea, pudiera decirme
exactamente qué, —él respondió. —Exiges esas cosas de mí, y nunca dices
por qué o cómo voy a hacerlas.
—¿Tú crees que nadie exige nada de mí? —Estalló Erol. Su rostro
estaba contraído. Él cerró los ojos, suspiró y continuó en un tono más
moderado.
—Ningún gobernante de la isla escoge a la persona que va a tener
como compañero de vida. Mi padre tuvo una segunda esposa, una concubina,
mi madre, porque la primera elección de los videntes no fue
satisfactoria para él. Es dónde la sangre y la voluntad de los videntes
se impone, Aras debe gobernar, pero era el deseo de mi padre evitar eso.
—Eso no me dice nada de lo que esperas de mí, —dijo Alim. Sólo
entonces él se aventuró más cerca del borde y de la vista del valle
debajo.
—Tus videntes me eligieron, pero como voy…
—Unirte conmigo cambiaría tu cuerpo, o debe estar cambiando ahora…
Algo en Erol cambió el día del ritual, y a pesar que Alim deseaba profundamente desmerecer esto, no podía olvidar la manera que él lo abrazó y estrujó cuando ellos se lanzaron juntos desde la montaña hacia los valles más allá.
Erol podría haberlo dejado car hacia la
muerte, en sólo un segundo, por puro despecho, pero en cambio lo sujetó
y abrazó como algo precioso…
Los hombres ataron a Alim a los anillos de hierro fijos en la pared
de piedra de una pequeña habitación en el subsuelo de la torre. Alim no
se resistió; no tenía sentido colocar su vida y la de su hijo en riesgo
en un escape infructuoso.
Inmediatamente después lo dejaron, y él observó como desaparecían a
través del rectángulo de luz que era la puerta abierta mientras colgaba
de las muñecas e intentaba no llorar cuando la pesada puerta se cerró.
Él colgó un tiempo largo, su barbilla caída contra el pecho, sin
preocuparse en probar la fuerza de sus muñecas. Después del ataque de la
última hora, su cuerpo fue drenado de toda voluntad de resistencia…

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