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lunes, 24 de septiembre de 2018

Sacó su hinchada polla de sus pantalones y la apretó entre sus manos lo suficientemente duro como para sentir dolor. Quería sentir dolor, un dolor físico que ahogara el dolor que sentía en su corazón. Volvió a tumbarse en la cama, boca arriba sin dejar de mirar las cadenas, sintiendo cómo las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, al tiempo que comenzó a bombear con fuerza su polla una y otra vez. Sus gemidos de placer se mezclaron con su llanto por haber perdido a la única persona a la que había amado, sin saber, desde que había ido la primera vez allí. Se agitó en la cama, desgarrado por los sentimientos de pérdida, culpa y pasión que lo invadían y, cuando se vino en su propio vientre, no fue un grito de placer lo que abandonó su garganta… si no de desesperación.

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